Tengo miedo porque ya has pasado de la simple etapa de mi conciencia y te has acostado a dormir en mi subconsciente sin que yo lo advirtiera. Y esa noche, al irme a dormir yo, soñé tu recuerdo con tal perfección que nada me habría permitido advertir que no era la vida real, porque por tu tonto capricho de niño pequeño de vivir en mi cabeza ahora me sé cada línea de tu rostro, tus manos y tu cuerpo, a pesar de que nunca has estado lo suficientemente cerca en ese cruel mundo corpóreo que nos separa. Así es como despertar se va a volver cada vez más complicado si estás en el sueño, porque sé que la alegría de estar contigo no va a dejarme escapar tan fácil, sin cobrarme una buena cuota de dolor. Me dueles al pensar en esas cosas tontas pero increíblemente específicas que me recuerdan a ti aunque poco importe, dejo que los pies me lleven solos con la esperanza de encontrarte al doblar cualquier recodo y sentir esa gran alegría que me causas al verte, seguida de ese hermosísimo dolor quedito al verte marchar de nuevo con tu dulce y eterna cercanía y lejanía.
No puedo evitar confesarlo, me sacas sonrisas por montones al recordar las pocas cosas trascendentes que he compartido contigo. No vale la pena vivir así, perdida en mi propia mente por estar buscándote, pero lo acepto con gusto porque es la opción más agradable para pensar en tonterías que tengo. Cruzo los dedos para que al menos una vez en la vida me cruce por las aceras coloridas de tu bonita mente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Qué piensas? ¿Qué sientes? ¿Qué interpretas a partir de lo que acabas de leer?