Nada tiene sentido ahora para mi, pero está bien. No es como si alguna vez lo hubiera tenido. Pienso en la vida y su absurda obsesión por los juego de mesa: todos somos fichitas de parqués en un tablero gigante del mundo, las cartas propias y de los demás que vemos (y las que no vemos), el irrefutable hecho de que todo está construido como un frágil y leve castillo de naipes, los dados que batimos con cada acción y determinan el curso del juego, y la estrategia que al final descubriremos en quien diga 'jaque mate'.
Pienso en los sueños, vale, las pesadillas de anoche. Me desperté con el corazón acelerado y temblando. Y con miedo, claro, mucho miedo. Me aterroriza que una de mis puertas de escape de la realidad, los sueños, se convierta en una que me haga perder y me llevé irremediable y eternamente a la otra puerta: la de las ilusiones. Sé que mi cordura no aguantaría semejante embestida.
La joven que vivía a la sombra de los demás.
20120501
Los juegos. Los sueños.
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Historias pendencieras,
Hogar de los desahuciados
20120401
Notarás que no me hace ningún bien verte, que está complicado esto de saber que podrías ser todo y no eres nada.
Sabrá el caballero a tu lado que con ciertos ojitos le veo muy bien y que con otros me da tristeza porque no es ni tu espectro.
Comprenderá la dama de más atrás que sé que por muy dulce que sea nuestro pasado hace demasiado sé que es sólo eso.
Entenderá el niño imaginario de más adelante que es pura sombrita de mis ojos muertos.
Disculpe si le grito, señora que está a mi derecha, pero debe entender que mi libertad lo es todo y su condena me mata lentamente.
Y ahora todos, en esta maravillosa reunión de ultratumba, bailaremos al suave ritmo del siguiente tictac...
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Hogar de los desahuciados,
Quote they call it
20120202
Ella abre los ojos otra vez.
Ella está en el cubo del que no puede escapar.
Ella se mira al espejo. Hay nuevos rasguños en sus hombros. No sabe cuándo se los hizo.
Ella observa en silencio por la ventana. Piensa en el espacio entre el cielo y el suelo.
Ella busca desesperadamente un aliado.
Ella escucha una voz de aliento en sus audífonos.
Ella repite y canta la misma canción una y otra vez.
Ella hace muecas frente al espejo de nuevo.
Ella se siente tan gris como todo lo que la rodea.
Ella se encierra en sí misma: es una prisión dentro de otra prisión.
Ella sabe, y al mismo tiempo no quiere saber, que la llave de su libertad está en ella misma, que vencerá los demonios que le han impuesto, que los colores que luchan por explotar en su interior volverán del revés el mundo que la rodea.
Y Wolfe... lista para la lucha, el cuerpo y la mente al acecho,
descubre su fiera sonrisa leonada.
Ella está en el cubo del que no puede escapar.
Ella se mira al espejo. Hay nuevos rasguños en sus hombros. No sabe cuándo se los hizo.
Ella observa en silencio por la ventana. Piensa en el espacio entre el cielo y el suelo.
Ella busca desesperadamente un aliado.
Ella escucha una voz de aliento en sus audífonos.
Ella repite y canta la misma canción una y otra vez.
Ella hace muecas frente al espejo de nuevo.
Ella se siente tan gris como todo lo que la rodea.
Ella se encierra en sí misma: es una prisión dentro de otra prisión.
Ella sabe, y al mismo tiempo no quiere saber, que la llave de su libertad está en ella misma, que vencerá los demonios que le han impuesto, que los colores que luchan por explotar en su interior volverán del revés el mundo que la rodea.
Y Wolfe... lista para la lucha, el cuerpo y la mente al acecho,
descubre su fiera sonrisa leonada.
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Hogar de los desahuciados
20120116
La tierra de los pensamientos sueltos
Presentando a: mi cuaderno verde.
Las hojas y las portadas se curvan hacia atrás y no sé si es por el peso del tiempo o del corazón que lleva adentro. Porque es un cuaderno de algunas luces y miles de sombras; es la desesperación de los momentos más oscuros vueltos letras que bailan y crean mundos cuando no hay nadie viendo. Mi cuaderno es como una persona que puedo dejar olvidada mucho tiempo, y no habrá reproches al final. Y de todos esos pensamientos y sentimientos que se me han escapado por las manos y posado en el papel, uno me pidió salir del papel.
Preferiría estar muerta que reducida. Preferiría estar muerta, muerta para siempre, antes que perderme en el camino de la mentalidad alienada y envolvente del mundo común que me rodea; me niego a caer en el egoísmo, la indiferencia, la frialdad y el estereotipo.
Ahora mismo, estoy extrañando. Extraño personas, pero lo que más extraño son sentimientos. De nuevo me siento muerta por dentro, porque no tengo coraje ni valía. Y quisiera desesperadamente saltar a cualquier cosa, pero no hay absolutamente nada a lo cual saltar. Entonces mis saltos, pequeñitos, se estrellan contra el suelo y la gravedad hace de nuevo las suyas con este vacío corazón.
Sólo dos notas aclaratorias: viendo mi cuaderno, comprendo por qué estoy dónde estoy. Por el poder que tienen los objetos, por el que hay que quitarle a otros. Me prometí retomar el blog apenas saliera a vacaciones: hoy hace una semana entré de nuevo a clases.
Las hojas y las portadas se curvan hacia atrás y no sé si es por el peso del tiempo o del corazón que lleva adentro. Porque es un cuaderno de algunas luces y miles de sombras; es la desesperación de los momentos más oscuros vueltos letras que bailan y crean mundos cuando no hay nadie viendo. Mi cuaderno es como una persona que puedo dejar olvidada mucho tiempo, y no habrá reproches al final. Y de todos esos pensamientos y sentimientos que se me han escapado por las manos y posado en el papel, uno me pidió salir del papel.
Preferiría estar muerta que reducida. Preferiría estar muerta, muerta para siempre, antes que perderme en el camino de la mentalidad alienada y envolvente del mundo común que me rodea; me niego a caer en el egoísmo, la indiferencia, la frialdad y el estereotipo.
Ahora mismo, estoy extrañando. Extraño personas, pero lo que más extraño son sentimientos. De nuevo me siento muerta por dentro, porque no tengo coraje ni valía. Y quisiera desesperadamente saltar a cualquier cosa, pero no hay absolutamente nada a lo cual saltar. Entonces mis saltos, pequeñitos, se estrellan contra el suelo y la gravedad hace de nuevo las suyas con este vacío corazón.
Sólo dos notas aclaratorias: viendo mi cuaderno, comprendo por qué estoy dónde estoy. Por el poder que tienen los objetos, por el que hay que quitarle a otros. Me prometí retomar el blog apenas saliera a vacaciones: hoy hace una semana entré de nuevo a clases.
Bueno, la locura es como... tú sabes, la gravedad. Basta un pequeño empujón. - Joker.Ya caí. Pero lo que la gente no sabe, es que no está mal del todo.
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Quote they call it
20111026
Por lo que constituye lo más importante en mi vida.
Vivo en la ciudad más bella del mundo.
Se llama Ciudad Universitaria. Se llama Ciudad Blanca. Es el amor de mi vida. Tiene mi corazón puesto en el fondo, la llevo conmigo a donde voy. Si fuera una persona, sería una chica danzarina y misteriosa, colorida, como fuegos de artificio, pero siempre vestida de blanco.
Y ella, que es tan bella, está en peligro.
Están ellos, que la quieren someter. La quieren poner a sus pies. Quieren que ella pierda su libertad y que tenga que someterse al mejor postor. Ella sonríe con dolor. Sabe que está en peligro de muerte, y yo la intento proteger porque la amo. Somos muchos los que la amamos y la cuidamos, un día más, un día menos. Pero somos población que a fuerza de gritar, se ha quedado muda. Los que peleamos tanto por ser vistos, que ahora pasamos por invisibles. Y no nos importa, porque estamos dispuestos a todo con tal de poderla salvar.
No queremos que la maten, no. Hemos dejado nuestras aulas, hemos levantado nuestras cabezas. Usamos lápices como si fueran armas. Y somos el grito de libertad que busca silenciar a los perversos que quieren destruirla.
En las calles estaremos. En los buses, en los edificios, en el cielo, si es preciso. Pero nunca dejaremos que nos arrebaten lo que tanto amamos, lo que es nuestro y lo que es de todos. Con pinceles daremos alas a las ideas para que el resto del mundo sepa que no estamos pintados en la pared y que nuestra lucha proviene de una causa justa. A gritar. A gritar, compañeros.
Se llama Ciudad Universitaria. Se llama Ciudad Blanca. Es el amor de mi vida. Tiene mi corazón puesto en el fondo, la llevo conmigo a donde voy. Si fuera una persona, sería una chica danzarina y misteriosa, colorida, como fuegos de artificio, pero siempre vestida de blanco.
Y ella, que es tan bella, está en peligro.
Están ellos, que la quieren someter. La quieren poner a sus pies. Quieren que ella pierda su libertad y que tenga que someterse al mejor postor. Ella sonríe con dolor. Sabe que está en peligro de muerte, y yo la intento proteger porque la amo. Somos muchos los que la amamos y la cuidamos, un día más, un día menos. Pero somos población que a fuerza de gritar, se ha quedado muda. Los que peleamos tanto por ser vistos, que ahora pasamos por invisibles. Y no nos importa, porque estamos dispuestos a todo con tal de poderla salvar.
No queremos que la maten, no. Hemos dejado nuestras aulas, hemos levantado nuestras cabezas. Usamos lápices como si fueran armas. Y somos el grito de libertad que busca silenciar a los perversos que quieren destruirla.
En las calles estaremos. En los buses, en los edificios, en el cielo, si es preciso. Pero nunca dejaremos que nos arrebaten lo que tanto amamos, lo que es nuestro y lo que es de todos. Con pinceles daremos alas a las ideas para que el resto del mundo sepa que no estamos pintados en la pared y que nuestra lucha proviene de una causa justa. A gritar. A gritar, compañeros.
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Tal como parió mi alma
20111008
La vio desde lejos, caminando con gracia y como mecida por el viento. Le hizo un gesto y ella se acercó, con una sonrisa incómoda, como cuando detienes a alguien que en realidad quisiera seguir caminando.
- ¿Y eso, por qué tan arreglada?
- Me voy a encontrar con mi novia - dijo ella sonriendo de nuevo de una manera preciosa, como si supiera algo que nadie más sabía.
Él la miró durante un segundo y la expresión de su rostro se volvió de piedra. Tenía de nuevo que hacer como que ya no sentía nada por ella, que esos tortuosos sentimientos que había tenido por tanto tiempo que parecía absurdo se habían ido de repente. Le dijo, intentando ser lo más indiferente posible:
- No sabía que tuvieras novia. ¿Qué tal es?
Ella, que se notaba que iba tarde, había empezado a caminar de nuevo en el justo momento en el que él habló. Se giró, extendió los brazos y, riéndose de manera aún más pícara que antes, replicó:
- ¡Ella es la muerte! - se alejó con una sonrisa guapa en el rostro.
Él la vio alejarse con una sensación de pesadez y pesadumbre. Siempre es tan ligera, pensó, y también asumió que debía ser una cita muy importante porque nunca la había visto tan cuidadosamente arreglada y femenina; de hecho, ella era más bien una tomboy. El hecho de que llevara medias pantalón, los labios pintados y hasta tacones, demostraba que algo totalmente fuera de lo normal sucedía. Suspiró sin esperanza y dio la vuelta para ir a clase.
Ella continuó caminando al mismo paso. Se alisó con la mano libre los faldones del vestido que había estado confeccionando por cerca de dos semanas. Era tal como se lo había imaginado, hasta la rodilla, negro, de mangas cortas y redondas, con el cuello redondo también y suelto desde la cintura para abajo. La cinta roja que lo adornaba contrastaba limpiamente con el fondo. La mano ocupada tenía un ramo de rosas, unas rosas delgadas, un poco enfermas, pero rosas al fin y al cabo. Llegó al edificio que estaba buscando y entró con actitud decidida; se vio reflejada fugazmente en algún vidrio oscuro y decidió que se veía bastante bien. Su sombrero en miniatura (igual al de 'The Cat in The Hat') había sido despegado de su diadema original y puesto sobre otro sombrero de copa más grande, negro con otra cinta roja y un tul negro por debajo, que usaba un poco ladeado para hacerlo ver más interesante. Subió al ascensor y oprimió el botón del quinto piso; nerviosa, empezó a tamborilear los dedos sobre la falda en esos segundos de subida que se le antojaron interminables. Se quedó mirando su mano hasta que el ascensor subió del todo; los guantes de encaje negro que habían sido casi imposibles de conseguir le entallaban perfectamente y le daban un aire de delicadeza señorial nada propio de ella, pero se sentía cómoda y a gusto con ser hoy diferente a lo que era usualmente.
Salió del ascensor y caminó decidida hacia la orilla de la azotea; el lugar, que siempre rebosaba de actividad, estaba raramente solo. Se situó en el borde, detrás de la baranda que delimitaba el techo del edificio, y se quedó observando todo un buen rato. Ya no había prisa. El clima era perfecto, el cielo, de un azul grisáceo, no permitía mucho sol pero tampoco hacía frío. Le encantaba ese lugar; desde allí se podía dominar buena parte de esa pequeña ciudad dentro de otra ciudad y la brisa recorría cada rincón de él. Recorrió con la vista lentamente los árboles, los otros edificios, la gente, cada pedazo de tierra allá abajo. Luego, se quitó los zapatos. Eran unos tacones negros y sencillos, a pesar de que ella odiaba usar tacones. Había pensado mucho si debía o no usar zapatos, pero al final decidió que sin ellos sería más práctico. Los dejó junto a sus pies y puso una de las rosas en el zapato derecho; los miró por un momento más y trepó a la barda que tenía enfrente. Bajó por el lado de afuera y pensó en la danza, la que no se le daba nada bien pero era tan maravillosa. Contempló por última vez el cielo, la ciudad, y se ensalzó con el pensamiento de que estaba vestida justo como lo había soñado. Tomó las rosas fuertemente con ambas manos y cerró los ojos, esbozando su más sentida sonrisa. Entonces, abrió los brazos y bailó hacia el vacío.
- ¿Y eso, por qué tan arreglada?
- Me voy a encontrar con mi novia - dijo ella sonriendo de nuevo de una manera preciosa, como si supiera algo que nadie más sabía.
Él la miró durante un segundo y la expresión de su rostro se volvió de piedra. Tenía de nuevo que hacer como que ya no sentía nada por ella, que esos tortuosos sentimientos que había tenido por tanto tiempo que parecía absurdo se habían ido de repente. Le dijo, intentando ser lo más indiferente posible:
- No sabía que tuvieras novia. ¿Qué tal es?
Ella, que se notaba que iba tarde, había empezado a caminar de nuevo en el justo momento en el que él habló. Se giró, extendió los brazos y, riéndose de manera aún más pícara que antes, replicó:
- ¡Ella es la muerte! - se alejó con una sonrisa guapa en el rostro.
Él la vio alejarse con una sensación de pesadez y pesadumbre. Siempre es tan ligera, pensó, y también asumió que debía ser una cita muy importante porque nunca la había visto tan cuidadosamente arreglada y femenina; de hecho, ella era más bien una tomboy. El hecho de que llevara medias pantalón, los labios pintados y hasta tacones, demostraba que algo totalmente fuera de lo normal sucedía. Suspiró sin esperanza y dio la vuelta para ir a clase.
Ella continuó caminando al mismo paso. Se alisó con la mano libre los faldones del vestido que había estado confeccionando por cerca de dos semanas. Era tal como se lo había imaginado, hasta la rodilla, negro, de mangas cortas y redondas, con el cuello redondo también y suelto desde la cintura para abajo. La cinta roja que lo adornaba contrastaba limpiamente con el fondo. La mano ocupada tenía un ramo de rosas, unas rosas delgadas, un poco enfermas, pero rosas al fin y al cabo. Llegó al edificio que estaba buscando y entró con actitud decidida; se vio reflejada fugazmente en algún vidrio oscuro y decidió que se veía bastante bien. Su sombrero en miniatura (igual al de 'The Cat in The Hat') había sido despegado de su diadema original y puesto sobre otro sombrero de copa más grande, negro con otra cinta roja y un tul negro por debajo, que usaba un poco ladeado para hacerlo ver más interesante. Subió al ascensor y oprimió el botón del quinto piso; nerviosa, empezó a tamborilear los dedos sobre la falda en esos segundos de subida que se le antojaron interminables. Se quedó mirando su mano hasta que el ascensor subió del todo; los guantes de encaje negro que habían sido casi imposibles de conseguir le entallaban perfectamente y le daban un aire de delicadeza señorial nada propio de ella, pero se sentía cómoda y a gusto con ser hoy diferente a lo que era usualmente.
Salió del ascensor y caminó decidida hacia la orilla de la azotea; el lugar, que siempre rebosaba de actividad, estaba raramente solo. Se situó en el borde, detrás de la baranda que delimitaba el techo del edificio, y se quedó observando todo un buen rato. Ya no había prisa. El clima era perfecto, el cielo, de un azul grisáceo, no permitía mucho sol pero tampoco hacía frío. Le encantaba ese lugar; desde allí se podía dominar buena parte de esa pequeña ciudad dentro de otra ciudad y la brisa recorría cada rincón de él. Recorrió con la vista lentamente los árboles, los otros edificios, la gente, cada pedazo de tierra allá abajo. Luego, se quitó los zapatos. Eran unos tacones negros y sencillos, a pesar de que ella odiaba usar tacones. Había pensado mucho si debía o no usar zapatos, pero al final decidió que sin ellos sería más práctico. Los dejó junto a sus pies y puso una de las rosas en el zapato derecho; los miró por un momento más y trepó a la barda que tenía enfrente. Bajó por el lado de afuera y pensó en la danza, la que no se le daba nada bien pero era tan maravillosa. Contempló por última vez el cielo, la ciudad, y se ensalzó con el pensamiento de que estaba vestida justo como lo había soñado. Tomó las rosas fuertemente con ambas manos y cerró los ojos, esbozando su más sentida sonrisa. Entonces, abrió los brazos y bailó hacia el vacío.
Mucho que ver con
Esas hermosas chicas,
Historias pendencieras
20110916
Premio para el que adivine el nombre de este post.
Ironía. Ironía de la brava, de la buena, de la que te deja en un punto en el que no sabes siquiera cómo reaccionar. Todo alrededor se construye de ironías azules, como cuando pasa un amor que pudo ser y no fue, de ironías rojas, como cuando buscas algo y no haces nada para alcanzarlo, de ironías negras muy negras como cuando todo está perdido pero no puedes evitar pensar lo cómico de todo esto.
Ironías grises por no haber sido el apoyo que debí ser.
Ironías violetas por callar en vez de gritar con el alma.
Ironías por dejarme llevar por la vida en vez de conducirla. Por ser una tonta, por fallar miserable y constantemente, por la inmensa ironía de que todo está bien y, como de costumbre, al mismo tiempo nada está bien.
Entre los pensamientos de estos días está la importancia de este blog. Éste que me ha visto cuando estoy en las buenas (casi nunca) y en las terribles (muy frecuente). 2 años y 7 meses, muy pocos seguidores y la mitad de mis mortificaciones puestas aquí. La inmensa ironía de que la persona que me sugirió que lo abriera fuera la persona sobre la cual necesitaba escribir para desahogarme. ¡¿Ven?! ¡Todo está hecho de ironías! Y yo aquí, en el medio, contemplando, no viviendo, sin ganas ya de moverme o siquiera... existir, y esas cosas. Qué triste esta vida, en la que no puedes saltar a una ilusión porque no importa lo bajito que saltes para tratar de no dejarte llevar tanto, el golpe al caer sigue sintiéndose mortal. Si vivir no es afrontar una muerte diaria, entonces no tengo idea de qué será.
Mucho que ver con
Creo que me has marcado,
De amores perdidos,
Historias pendencieras,
Hogar de los desahuciados
20110831
Yo sólo te pido que dejes de gritar (¡No grites más, niña!) que ahora que te he podido agarrar (¡No grites más, niña!) dejes de dar patadas al aire (¡No grites más, niña!) o al menos me digas qué estás viendo (¡No grites más, niña!) que me muero porque pareces loca (¡No grites más, niña!) que tu vida se me va de las manos (¡No grites más, niña!) y tú sólo te agitas y gritas (¡No grites más, niña!) que tus gritos me perforan la cabeza (¡No grites más, niña!) que me cubro los oídos con las manos (¡No grites más, niña!) y que ahora que no te puedo escuchar, sé que no es cualquier silencio y no puedo evitar el llanto: es que se te va la vida del todo y por fin, ay niña, por fin has dejado de gritar.
Mucho que ver con
Historias pendencieras,
Hogar de los desahuciados
20110814
Mi semana se reduce a juegos.
¿Por qué tienes que darme un quebradero de cabeza cada ratito? ¿Por qué coño sigo interpretando tus palabras a mi gusto en vez de ponerte un poco más de atención?
Yo que quisiera consolarte.
▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
- ¿Jugamos?
- ¡No! Siempre me ganas en este juego. No vale.
- Bah, pero si sólo tienes que apretar todos los botones. Mira, ya has mejorado mucho. Además, eres la única persona que puede ganarme en este juego.
- No es cierto, sabes jugar demasiado. Nunca nadie que conozca te ha ganado.
- Claro que puedes ganarme, ¿quieres saber por qué?
- ¿Por...?
- Porque sólo ante ti soy vulnerable.
Sonrío. Aprovecha mi momento de distracción para oprimir todos los botones y hacer una jugada maestra.
- ¿Cómo hiciste eso? ¡Me ganaste!
Mucho que ver con
Creo que me has marcado,
Esas hermosas chicas,
Increíble pero me siento bien
20110719
Y si tú no quieres hablarme, a la mierda, yo no te obligo.
Y si tu no quieres quererme, a la mierda, yo no te obligo.
Y si tú ya me has olvidado, a la mierda, yo no te olvido.
Los odio a todos, a veces pienso en largarme y empezar de nuevo pero digo yo, ¿de qué me sirve si soy asocial y además un peso para la maldita existencia? Así que me la he pasado escuchando Moving to Mars, de Coldplay, sí, soy una loca fanática empedernida de Coldplay y la que habla hoy no soy yo sino la que sale cuando le dan ataques de ira y se le acaba la poesía.
Es graciosísimo cuando ves a alguien que es absurdamente perfect@ para ti y sabes que es igual de absurdamente imposible. Sea una niña que sólo viste dos veces en la vida o sea un amigo cercano.
No he hecho amigos, NO, yo no soy sociable, los amigos que tengo es un misterio cómo los hice, la gente con la que me hablo me habló primero. La conclusión es: lo mío es perro song, de Buba Cómix.
Moving to Mars, porque quizá si me fuera a Marte ya no tendría que lidiar con nada. Soy cobarde, y además soy muchas cosas que nunca pensé que fuera.
Estado: el más random y un poco sentido.
Y si tu no quieres quererme, a la mierda, yo no te obligo.
Y si tú ya me has olvidado, a la mierda, yo no te olvido.
Los odio a todos, a veces pienso en largarme y empezar de nuevo pero digo yo, ¿de qué me sirve si soy asocial y además un peso para la maldita existencia? Así que me la he pasado escuchando Moving to Mars, de Coldplay, sí, soy una loca fanática empedernida de Coldplay y la que habla hoy no soy yo sino la que sale cuando le dan ataques de ira y se le acaba la poesía.
Es graciosísimo cuando ves a alguien que es absurdamente perfect@ para ti y sabes que es igual de absurdamente imposible. Sea una niña que sólo viste dos veces en la vida o sea un amigo cercano.
No he hecho amigos, NO, yo no soy sociable, los amigos que tengo es un misterio cómo los hice, la gente con la que me hablo me habló primero. La conclusión es: lo mío es perro song, de Buba Cómix.
Moving to Mars, porque quizá si me fuera a Marte ya no tendría que lidiar con nada. Soy cobarde, y además soy muchas cosas que nunca pensé que fuera.
Estado: el más random y un poco sentido.
Mucho que ver con
Banda sonora,
De amores perdidos,
Diferencia,
Hogar de los desahuciados
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