Miedo a que al abrir los ojos ya el sol se haya ido.
Miedo a que lo eterno no sea más que un parpadeo.
Miedo a que mi inestabilidad me borre de pronto y para siempre.
Al abrazarte, sentí un escalofrío: sí, era mi miedo,
miedo a que seas lo único que permanezca en mi desbaratada vida,
miedo a esta soledad gris que me come por dentro,
miedo a que sólo el viento me acaricie la piel y el pelo,
miedo que se alimenta del miedo que no sabía que estoy sintiendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Qué piensas? ¿Qué sientes? ¿Qué interpretas a partir de lo que acabas de leer?