20111008

La vio desde lejos, caminando con gracia y como mecida por el viento. Le hizo un gesto y ella se acercó, con una sonrisa incómoda, como cuando detienes a alguien que en realidad quisiera seguir caminando.
 - ¿Y eso, por qué tan arreglada?
 - Me voy a encontrar con mi novia - dijo ella sonriendo de nuevo de una manera preciosa, como si supiera algo que nadie más sabía.
Él la miró durante un segundo y la expresión de su rostro se volvió de piedra. Tenía de nuevo que hacer como que ya no sentía nada por ella, que esos tortuosos sentimientos que había tenido por tanto tiempo que parecía absurdo se habían ido de repente. Le dijo, intentando ser lo más indiferente posible:
 - No sabía que tuvieras novia. ¿Qué tal es?
Ella, que se notaba que iba tarde, había empezado a caminar de nuevo en el justo momento en el que él habló. Se giró, extendió los brazos y, riéndose de manera aún más pícara que antes, replicó:
 - ¡Ella es la muerte! - se alejó con una sonrisa guapa en el rostro.
Él la vio alejarse con una sensación de pesadez y pesadumbre. Siempre es tan ligera, pensó, y también asumió que debía ser una cita muy importante porque nunca la había visto tan cuidadosamente arreglada y femenina; de hecho, ella era más bien una tomboy. El hecho de que llevara medias pantalón, los labios pintados y hasta tacones, demostraba que algo totalmente fuera de lo normal sucedía. Suspiró sin esperanza y dio la vuelta para ir a clase.




Ella continuó caminando al mismo paso. Se alisó con la mano libre los faldones del vestido que había estado confeccionando por cerca de dos semanas. Era tal como se lo había imaginado, hasta la rodilla, negro, de mangas cortas y redondas, con el cuello redondo también y suelto desde la cintura para abajo. La cinta roja que lo adornaba contrastaba limpiamente con el fondo. La mano ocupada tenía un ramo de rosas, unas rosas delgadas, un poco enfermas, pero rosas al fin y al cabo. Llegó al edificio que estaba buscando y entró con actitud decidida; se vio reflejada fugazmente en algún vidrio oscuro y decidió que se veía bastante bien. Su sombrero en miniatura (igual al de 'The Cat in The Hat') había sido despegado de su diadema original y puesto sobre otro sombrero de copa más grande, negro con otra cinta roja y un tul negro por debajo, que usaba un poco ladeado para hacerlo ver más interesante. Subió al ascensor y oprimió el botón del quinto piso; nerviosa, empezó a tamborilear los dedos sobre la falda en esos segundos de subida que se le antojaron interminables. Se quedó mirando su mano hasta que el ascensor subió del todo; los guantes de encaje negro que habían sido casi imposibles de conseguir le entallaban perfectamente y le daban un aire de delicadeza señorial nada propio de ella, pero se sentía cómoda y a gusto con ser hoy diferente a lo que era usualmente.


Salió del ascensor y caminó decidida hacia la orilla de la azotea; el lugar, que siempre rebosaba de actividad, estaba raramente solo. Se situó en el borde, detrás de la baranda que delimitaba el techo del edificio, y se quedó observando todo un buen rato. Ya no había prisa. El clima era perfecto, el cielo, de un azul grisáceo, no permitía mucho sol pero tampoco hacía frío. Le encantaba ese lugar; desde allí se podía dominar buena parte de esa pequeña ciudad dentro de otra ciudad y la brisa recorría cada rincón de él. Recorrió con la vista lentamente los árboles, los otros edificios, la gente, cada pedazo de tierra allá abajo. Luego, se quitó los zapatos. Eran unos tacones negros y sencillos, a pesar de que ella odiaba usar tacones. Había pensado mucho si debía o no usar zapatos, pero al final decidió que sin ellos sería más práctico. Los dejó junto a sus pies y puso una de las rosas en el zapato derecho; los miró por un momento más y trepó a la barda que tenía enfrente. Bajó por el lado de afuera y pensó en la danza, la que no se le daba nada bien pero era tan maravillosa. Contempló por última vez el cielo, la ciudad, y se ensalzó con el pensamiento de que estaba vestida justo como lo había soñado. Tomó las rosas fuertemente con ambas manos y cerró los ojos, esbozando su más sentida sonrisa. Entonces, abrió los brazos y bailó hacia el vacío.

2 comentarios:

  1. Genial. Tan vívido y hermoso que ya tengo una melodía para ella (y no la diré porque le arruinaría a otros la canción), aunque no sería correcto describirlo así siendo el suicidio el tema si yo fuera normal y moral... yo casi siempre hablo del suicidio como si fuera hermoso, trágicamente hermoso.

    ¿Y ella? ¿Qué hay de ella? ¿Es una máscara la que lleva a la muerte ocultando su dolor? ¿Es una fijación por el suicidio? Pareciera... no sé. Just digressing, mate.

    Esto me hace sonreír, es uno de mis escenarios posibles favoritos.

    Y como siempre te recuerdo que escribes mejor que yo. Es un placer leerte aunque no publiques a menudo. Abrazos, Rainbowie.

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