20100524

Fantasma.

Vaya mirada. En serio, si tienes una mirada como esa, muy probablemente ya no puedas desear nada más. Todo el mundo me haría caso si yo tuviera esa mirada.
A algunas personas las he querido con el paso del tiempo, otras, me han atraído desde el instante en que las vi.
Pero ella, ella es especial.

Se llama Fantasma. Tiene los mismos años que el mundo. Muy probablemente sea la chica más bella que he visto en mi vida. La vi por primera vez en un pasillo por escasos cinco segundos. Eternos cinco segundos, donde no pude quitarle la vista de encima. Luego recapacité y pensé que era mejor que nadie notara que la estaba viendo. Su recuerdo me duró en la cabeza por días, aunque era un recuerdo indefinido, borroso. Tal como deben ser los recuerdos de alguien que se llama Fantasma.

Bien, no sé su nombre. Siento que su único nombre posible es Fantasma. Su piel pálida, su presencia irregular en mi vida, el hecho de que nunca puedo recordar perfectamente su rostro. Sólo su mirada. Pero es que con esa mirada nadie podría desear nada más.

Fantasma tendrá como 17 años. La primera vez que la vi fue increíble, porque jamás creí que en ese pequeño sitio al final del mundo pudiera existir una persona así. Fue por eso que cuando la vi por primera vez, pensé que sería también la última -alguien así pertenece a esferas superiores- y traté de empaparme de su recuerdo. Pero ella, ella es un fantasma, mi hermoso fantasma, y no pude mantenerla en mi memoria por mucho tiempo. Me sentí gris cuando me di cuenta de que sólo podía recordar de ella su peculiar mirada. Pasaron un par de semanas, en la que no le dediqué mucho tiempo a pensarla porque no quería echarle cabeza a alguien que creí no volvería a aparecer, aunque confieso que siempre estuvo suspendida en un rincón de mi mente, lejos de mi realidad y cerca de mi mundo ficticio donde me pasan cosas increíbles todos los días, ubicado justo en el medio de mi cabeza.

Un día salí al pasillo por algún motivo que no recuerdo. Se me olvidó todo cuando la vi ahí parada, con su aire etéreo, Fantasma, tan bonita, Fantasma. Intenté grabarme cada detalle: su cabello castaño y liso, sus ojos negros delineados de negro, su piel tan luminosa, sus labios tan rosados y claro, su mirada tan especial. La miraba como jugando escondidas, intentando que no se diera cuenta, para que no se asustara y desapareciera como la aparición que es, pero al mismo tiempo tratando de llenarme la cabeza hasta los bordes con su imagen. Porque aún me resulta increíble que exista una mirada así.

Eso fue todo. Desde ese día, Fantasma se aparece y desaparece en mi vida. La veo de vez en cuando, la veo en la cafetería con su sonrisa soñadora, la veo caminando por la calle como una abstracción de la realidad, la veo borrosa en mis recuerdos. Pero sus ojos negros delineados de negro no se me van de la cabeza, me distraigo en clase y me elevo a mundos donde Fantasma tiene un nombre real y camina tomada de mi mano. Pero sé que no va a pasar, y en el fondo me alegro, porque necesito alguien con quien soñar, y escaparme de esta maldita, desolada, putrefacta realidad que empieza a corroer de a pocos mi vida. Así que simplemente me relajo, le doy la mano a la Fantasma que vive en mi imaginación y me concentro en mi propio mundo, para que deje de dolerme la realidad.

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